En el centro de la escena está el actual Comité de Contingencia, encabezado por Miguel Fernández, cuyo mandato vence en noviembre. Pero sectores alineados con Maximiliano Abad, Gustavo Posse y Daniel Salvador presionan para adelantar los comicios a mayo o junio. El argumento es práctico, casi quirúrgico: llegar a 2027 con un partido ordenado, sin improvisaciones de último momento y con liderazgos definidos antes de que el calendario electoral los arrastre.
Martín Lousteau, a través del espacio Evolución en la Provincia, también respalda la idea de acelerar el proceso. La lectura compartida es que septiembre sería demasiado tarde para reorganizar estrategias en un escenario político cada vez más polarizado y fragmentado. Nadie quiere llegar a la próxima gran pelea con la casa todavía en refacciones.
El problema, claro, es que no todos están convencidos. Desde el sector que resiste el adelantamiento insisten en que deben respetarse los estatutos y los plazos vigentes. Temen que modificar el cronograma sin consenso abra una nueva grieta interna. Incluso deslizan que Fernández podría recurrir a la Justicia si el Comité es forzado a acortar su mandato. En otras palabras, el radicalismo podría terminar discutiendo su futuro en tribunales, otra vez, como ya ocurrió en procesos previos donde tanto Fernández como Pablo Domenichini se proclamaron ganadores.
El trasfondo no es menor. La UCR bonaerense viene de una serie de derrotas electorales que redujeron su representación institucional y la dejaron corriendo desde atrás frente a otras fuerzas. El debate sobre las fechas es, en realidad, un debate sobre liderazgo, estrategia y supervivencia política. Adelantar elecciones sería una señal de renovación. Mantener el cronograma podría leerse como prudencia institucional o como resistencia a perder posiciones. Depende de quién lo explique.
En paralelo, la reorganización del radicalismo a nivel nacional suma presión. Nuevas autoridades buscan consolidar una agenda propia y redefinir alianzas en un mapa político donde la oposición todavía no termina de acomodarse. Buenos Aires, por su peso específico, es una pieza clave en ese tablero.
Si no prospera un acuerdo, el sector que impulsa el adelantamiento analiza presentar una carta formal para forzar al Comité de Contingencia a votar la propuesta, confiando en contar con mayoría. Traducido: la interna podría pasar del murmullo al choque directo en cuestión de días.
La definición será determinante. O la UCR bonaerense logra ordenar su discusión y proyectar una imagen de cohesión, o vuelve a exhibir sus fracturas históricas justo cuando necesita mostrarse competitiva.