jueves 05 de febrero de 2026
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¿Es bueno o malo?: el verdadero impacto de posponer la alarma del despertador, según la ciencia

15:02 |Un amplio estudio internacional analizó el uso del “snooze” y encontró que sus efectos negativos serían menores de lo que se pensaba, lo que abre un debate más matizado sobre el verdadero impacto de este hábito cotidiano.



Durante décadas, posponer la alarma del despertador fue considerado uno de los grandes enemigos del buen descanso. El botón “snooze” quedó asociado a la pereza, la desorganización y a un supuesto deterioro del rendimiento mental.

Sin embargo, investigaciones recientes ponen en duda estas creencias y abren un debate más matizado sobre el verdadero impacto de este hábito cotidiano.

Un análisis difundido por The New York Times se basó en un estudio internacional que monitoreó durante seis meses los patrones de sueño de más de 21.000 adultos. Los resultados fueron reveladores: la mayoría de las personas utiliza la función “posponer” en más de la mitad de las noches analizadas y, en promedio, activa la alarma 2,4 veces antes de levantarse definitivamente.

¿Es realmente perjudicial usar el “snooze”?

Según especialistas en medicina del sueño, el uso moderado del botón de repetición no parece tener consecuencias graves para la salud. Cathy Goldstein, profesora clínica de neurología en la Universidad de Míchigan, explicó en diálogo con The New York Times que actualmente no existen pruebas contundentes que vinculen este hábito con un deterioro significativo del bienestar diario o de las funciones cognitivas.

No obstante, los expertos subrayan que es importante diferenciar entre un uso ocasional y uno sistemático. Shelby Harris, neuróloga y psiquiatra de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York, advirtió que recurrir de forma constante al “snooze” podría ser una señal de problemas de sueño subyacentes, como insomnioapnea del sueñosíndrome de piernas inquietas narcolepsia.

El rol del sueño REM y el despertar

Una de las principales preocupaciones científicas gira en torno a la posible interrupción del sueño REM, una fase clave para la consolidación de la memoria, la regulación emocional y otros procesos cerebrales.

Rebecca Robbins, especialista en sueño del Hospital Brigham and Women’s de Boston, señaló que anticipar repetidamente el final del descanso podría fragmentar esta etapa y favorecer un sueño más superficial.

Sin embargo, Goldstein aclaró que hasta el momento no se ha demostrado una relación directa entre la reducción de algunos minutos de sueño REM en la mañana y un impacto negativo sostenido en el rendimiento cognitivo o el estado de ánimo.

¿Puede tener beneficios posponer la alarma?

De manera llamativa, algunos estudios preliminares sugieren que el “snooze” podría tener efectos positivos en determinados contextos. Una investigación citada por la revista Science, realizada con 31 personas habituadas a posponer la alarma, mostró que este grupo presentó un mejor desempeño cognitivo inmediato tras despertar, en comparación con quienes se levantaron de forma abrupta.

Los científicos explican que las últimas fases del sueño suelen ser más ligeras, por lo que una transición gradual hacia la vigilia podría reducir la sensación de aturdimiento matinal, conocida como inercia del sueño.

¿Cuándo conviene prestar atención?

Los especialistas coinciden en que el problema no es el botón “posponer” en sí, sino lo que puede revelar. El uso frecuente del “snooze” también puede estar asociado al consumo de ciertos medicamentos, como trazodona, difenhidramina, gabapentina o quetiapina, que aumentan la somnolencia matinal.

Reloj despertador alarma. Foto Unsplash.

Antes de recurrir a soluciones farmacológicas, se recomienda mejorar la higiene del sueño: mantener horarios regulares, evitar la cafeína y el alcohol por la noche, y crear un ambiente adecuado para dormir. Si la fatiga diurna persiste, consultar con un profesional de la salud es el paso más indicado.

A la fecha, la evidencia científica sobre los efectos a largo plazo de posponer la alarma sigue siendo limitada. Lejos de demonizar el hábito, los expertos proponen una mirada más flexible: en personas sanas y con rutinas de sueño estables, el uso moderado del “snooze” no parece representar un riesgo significativo.

En definitiva, más que eliminar el botón de repetición, la clave está en escuchar al cuerpo y atender cualquier señal persistente de cansancio. Porque, según la ciencia, posponer la alarma no siempre es el problema, sino a veces apenas un síntoma.

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