jueves 05 de febrero de 2026
- Edición Nº2619

Provincia

política

Milei y el reciclaje del PRO: la casta no se fue, se mudó de oficina

13:49 |Intendentes electos, bancas provinciales y un gabinete en reacomodo permanente. La “renovación” libertaria se llena de viejos apellidos.



En la Argentina de 2026, la política se parece cada vez menos a un contrato democrático y cada vez más a un sistema de rotación oportunista. Los nombres cambian, los sellos se mezclan, las promesas se relativizan. Pero la lógica persiste: las candidaturas son una estación de paso, no un compromiso.

El caso de Guillermo Montenegro y Diego Valenzuela vuelve a encender una discusión vieja, pero nunca saldada: la de los candidatos testimoniales, esos dirigentes que se presentan a elecciones para ocupar un cargo, pero terminan usando la banca como trampolín hacia otro destino.

Ambos negaron haber jugado esa carta en 2025. Sin embargo, hoy aparecen como piezas disponibles para asumir funciones nacionales en el gobierno de Javier Milei. Y el problema no es solo jurídico o administrativo. Es político. Y profundamente simbólico.

La democracia como simulacro

Montenegro fue electo senador provincial por la alianza PRO-libertaria. Valenzuela dejó la intendencia de Tres de Febrero para competir en la Legislatura bonaerense. Los dos participaron del armado electoral con discursos de renovación, representación y responsabilidad institucional.

Pero ahora, con versiones firmes de desembarco en Nación —Montenegro como posible ministro de Justicia, Valenzuela como director de la Agencia de Seguridad Migratoria— el escenario queda expuesto: se votó una cosa, se ejecuta otra.

La pregunta inevitable es para qué sirven las elecciones legislativas si sus ganadores las usan como plataforma para negociar cargos ejecutivos.

Montenegro y el gabinete como reacomodo PROlibertario/AmarilloVioleta

El caso de Montenegro es especialmente elocuente. Intendente con licencia, senador provincial electo, figura del PRO en tensión con el macrismo tradicional, ahora su nombre circula como reemplazo de Mariano Cúneo Libarona en Justicia.

Su reunión con Santiago Caputo en Casa Rosada no fue una foto casual: fue una señal. En el universo Milei, donde la política se maneja desde una mesa chica de lealtades personales y operadores estratégicos, los cargos no se deciden por trayectoria institucional sino por alineamiento en tiempo real. La eventual llegada de Montenegro consolidaría algo que ya es tendencia: La Libertad Avanza se llena de dirigentes del PRO, reciclados bajo estética libertaria.

La “casta” se reconfigura, pero no desaparece. Solo cambia de camiseta.

Valenzuela y el salto sin escalas

Valenzuela, por su parte, ya fue confirmado como director de Seguridad Migratoria. Es decir: ni siquiera es rumor. Es decisión tomada.

Su banca provincial será ocupada por Marisa Pirillo, dirigente con pasado massista. Otra postal del presente: las identidades partidarias se diluyen, los recorridos se mezclan, y la coherencia ideológica se vuelve un lujo.

Lo que queda es una estructura de reemplazos automáticos, donde el voto ciudadano es apenas un trámite dentro de un sistema de movimientos internos.

¿Quién gobierna y quién representa?

Estos casos no son aislados. Forman parte de un modelo político que Milei, lejos de romper, parece haber profundizado. Funcionarios que entran y salen como piezas de recambio. Dirigentes que se postulan para cargos que no piensan ejercer. Alianzas que se arman por conveniencia y no por programa. Un gabinete en permanente reconfiguración.

La política se vuelve un tablero, y la ciudadanía un espectador.

En el fondo, el fenómeno revela algo más inquietante: la crisis de representación se gestiona con marketing y rotación, no con institucionalidad.

El costo democrático

Cuando un dirigente se presenta a una elección sabiendo que no asumirá, lo que se rompe no es solo una regla ética. Se rompe el pacto básico del sistema: el votante elige personas para que ocupen un rol, no para que negocien otro.

En tiempos de descreimiento, estas maniobras no son menores. Son combustible para la antipolítica. Y paradójicamente, terminan reforzando lo que Milei decía venir a destruir.

Montenegro y Valenzuela son apenas dos nombres. Pero el mecanismo es estructural: cargos como escalones, bancas como reserva, elecciones como ensayo general.

La política argentina sigue atrapada en la lógica del salto, del reacomodo, del casting permanente. Y mientras tanto, la pregunta queda flotando, incómoda: ¿quién gobierna realmente y quién solo está de paso?

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