sábado 31 de enero de 2026
- Edición Nº2614

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Milei, Techint y el modelo que no defiende a nadie

10:07 |Para Roberto Feletti, el Gobierno libertario expresa un esquema económico donde ni siquiera los grandes grupos nacionales logran sostener su lugar frente al capital financiero internacional.



La reciente polémica entre el Estado argentino y el conglomerado industrial Techint puso en escena no solo la tensa relación entre el Poder Ejecutivo y las grandes empresas, sino también un debate profundo sobre el rol de los sectores concentrados de la economía, sus vínculos con el poder político y el modelo productivo que Argentina busca (o rechaza) construir.

El economista y dirigente peronista Roberto Feletti, exsecretario de Comercio Interior y actual secretario administrativo del Senado bonaerense evaluó lo que considera un nuevo capítulo del “fracaso de las élites argentinas”. Según su lectura, la pérdida de la licitación para el suministro de tubos para un gasoducto de gas natural licuado (GNL) —obra clave en la infraestructura energética del país— no sólo evidencia un problema económico, sino un síntoma de fondo: la incapacidad de un sector tradicional de la industria para adaptarse a un modelo donde predomina el capital financiero global.

Qué pasó con la licitación

El conflicto se desencadenó cuando Techint, el mayor productor siderúrgico argentino y uno de los grupos empresariales más influyentes del país, perdió una licitación para proveer caños de acero destinados a la construcción de un gasoducto. La adjudicación fue para una empresa india —según diversos medios con ofertas hasta un 40% más competitivas en precio— en detrimento de la oferta local.

Este hecho no solo generó tensiones económicas, sino también políticas y discursivas: el propio presidente Javier Milei ironizó públicamente sobre Paolo Rocca, líder de Techint, en un gesto que marcó una ruptura entre el Gobierno y uno de los emblemas industriales del país.

“Multinacional sin bandera” y el costo de la globalización

Feletti fue más allá de criticar a un gobierno o una empresa en particular: señaló un fenómeno estructural. Según su análisis, Techint se transformó en “una multinacional sin bandera” que pierde su arraigo y defensa de intereses productivos nacionales a medida que se integra a las dinámicas globales del capital. Y ese proceso, dijo, tiene consecuencias políticas y económicas para Argentina.

En sus declaraciones, el funcionario recordó que Paolo Rocca había respaldado con anterioridad políticas de rebaja de impuestos y de flexibilización laboral —en el marco de la actual administración— con el objetivo de obtener mayor competitividad. Sin embargo, según Feletti, “pierden la perspectiva de que ese escenario de negocios tan favorable luego queda en manos de empresas extranjeras”.

Para él, esto revela una paradoja: mientras sectores como Techint han buscado adaptarse a un modelo neoliberal que privilegia bajos costos y apertura económica, terminan enfrentando la competencia global con reglas de juego donde el capital financiero internacional “disciplinó” a la propia industria nacional.

Crisis de un modelo productivo

Más allá del caso puntual de la licitación, Feletti usó la situación para criticar lo que él define como un modelo económico “sostenido por el capital financiero, los fondos de inversión y procesos productivos que apuntan a la minería, hidrocarburos y el agro”. En su visión, ese esquema desmantela la industria local y debilita el papel del Estado para proteger mercados estratégicos o definir políticas industriales claras.

Esta crítica se inscribe en una larga tradición de debates en Argentina sobre la dependencia de sectores externos, la política industrial y la distribución del ingreso. Para Feletti, la derrota de Techint no es solo un mal negocio: es una señal de que las élites aceptan periodos de apertura económica —con importaciones crecientes, desregulación y fuertes fluctuaciones macroeconómicas— como parte de un ciclo recurrente de crisis y ajuste que termina debilitando al país.

¿Qué está en juego?

La disputa por el gasoducto es más que un conflicto entre una empresa y el Estado. Representa un cruce de caminos sobre qué tipo de desarrollo se quiere para Argentina: uno basado en una industria nacional fuerte y protegida, o uno donde la competitividad global y la financiación extranjera marquen las reglas del juego.

Para sectores críticos al gobierno de Milei, como el que representa Feletti, este caso expone una política económica que podría profundizar la apertura y relegar la producción local en favor de intereses externos. Para otros, la adjudicación a la empresa india y la polémica asociada es simplemente el resultado de un mercado competitivo en el que ganar no depende de relaciones políticas.

La declaración de Feletti no se limita a una crítica puntual: es una lectura amplia sobre el rol de las grandes corporaciones, el Estado y la economía global en el futuro de Argentina. El choque entre Techint y el Gobierno se convierte, así, en un espejo donde se reflejan tensiones más profundas: entre comercio abierto y protección industrial, entre capital financiero global y proyectos productivos locales, entre un pasado industrial pesado y un futuro incierto en un mercado globalizado.

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