La interna de La Libertad Avanza (LLA) en la provincia de Buenos Aires entró en una fase de definiciones profundas. No se trata solo de nombres propios ni de ambiciones personales: lo que está en juego es qué tipo de fuerza quiere ser el oficialismo libertario cuando llegue la hora de disputar la gobernación en 2027. En ese tablero, la irrupción de Agustín Romo como figura promovida por la agrupación juvenil Las Fuerzas del Cielo funciona como síntoma y catalizador de una tensión mayor, y hace uso y gala de su mejor herramienta: las redes sociales.
Las Fuerzas del Cielo emergieron como un actor político híbrido, con fuerte presencia en redes sociales y capacidad de movilización territorial selectiva. Su eje no es el pragmatismo electoral sino la “batalla cultural”: una narrativa de pureza ideológica que interpela a la base joven del libertarismo y cuestiona a los dirigentes con pasado en estructuras tradicionales. En ese marco, el rechazo explícito a Sebastián Pareja y a Diego Santilli se explica menos por su rendimiento electoral que por su trayectoria previa y su supuesta distancia del ideario original. Así es como desde hace varias semanas puede advertirse el juego de encuestas, y la "operación clamor" de esta militancia, situación que generó distintas reacciones.
Con 28 años y la presidencia del bloque de LLA en la Legislatura bonaerense, Romo aparece como la contracara del armado clásico. Para la militancia digital, encarna una oferta identitaria: joven, confrontativa, alineada sin matices con el liderazgo de Javier Milei y con un discurso que privilegia la coherencia doctrinaria por sobre la ampliación de alianzas. El “operativo clamor” que lo impulsa no busca todavía una candidatura formal, sino instalar sentido: quién representa al libertarismo “auténtico” en el principal distrito del país.
La discusión no ocurre en el vacío. Tras la derrota en las provinciales de 2025, donde LLA quedó segunda con alrededor del 34% de los votos frente a un peronismo dominante, el espacio enfrenta una pregunta incómoda: ¿alcanza la pureza para ganar Buenos Aires? Para el ala territorial, la respuesta es no. De allí la insistencia en perfiles con gestión, volumen político y capacidad de tejer acuerdos, como Santilli o intendentes en uso de licencia. Para la base militante, en cambio, diluir la identidad sería repetir errores de coaliciones previas.
El ascenso de Romo no está exento de zonas grises. Investigaciones periodísticas sobre presuntos nombramientos de familiares en empresas estatales, como Ferrocarriles Argentinos, y críticas por decisiones de armado —incluida la designación de referentes con denuncias de violencia de género— erosionan el discurso anticasta que la militancia reivindica. Estas controversias alimentan una paradoja: el candidato “puro” es atacado por prácticas que el propio libertarismo promete erradicar.
Dos modelos en disputa
La fractura bonaerense de LLA puede leerse como una disputa entre dos modelos:
Armado territorial: pragmático, orientado a sumar volumen y disputar poder en un distrito adverso.
Base digital-militante: identitaria, ideológica y dispuesta a sacrificar amplitud por coherencia.
Ambos modelos reclaman legitimidad y ambos miran a la Casa Rosada en busca de señales. La definición no será solo bonaerense: ordenará el rumbo nacional del oficialismo de cara a la reelección presidencial y a la construcción de poder subnacional.
En ese aspecto, la provincia de Buenos Aires es el campo de prueba. Si LLA logra convertir la mística digital en votos reales sin romper su cohesión interna, la apuesta por Romo podría ser una innovación política. Si, en cambio, la pureza se traduce en aislamiento, el riesgo es ceder el territorio a un peronismo históricamente dominante. La pregunta que sobrevuela la interna libertaria es tan simple como decisiva: ¿identidad o victoria? El 2027 empezará a responderla mucho antes de las urnas.