La industria automotriz en la provincia de Buenos Aires atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. En apenas doce meses, entre diciembre de 2025 y el mismo mes del año anterior, la producción de automóviles se desplomó un 73,4%, un dato que expone con crudeza la profundidad de la crisis industrial que golpea al corazón fabril bonaerense.
El retroceso no es un fenómeno aislado. Según datos oficiales, la crisis alcanza a 15 de los 16 bloques industriales de la provincia y se manifiesta con particular fuerza en el complejo automotriz, uno de los motores históricos de la actividad económica y el empleo.
La provincia de Buenos Aires concentra, junto a Córdoba, el núcleo central del complejo automotriz argentino. Allí se encuentran radicadas plantas estratégicas como Toyota en Zárate, Ford y Volkswagen en General Pacheco, Stellantis en El Palomar y Mercedes-Benz en Virrey del Pino.
Este entramado productivo está orientado mayormente a la fabricación de pick-ups, utilitarios y vehículos de trabajo, segmentos que históricamente funcionaron como amortiguador frente a las crisis del mercado interno. Sin embargo, el actual escenario muestra que ni siquiera estos nichos logran escapar al impacto general.
La contracción de la actividad ya se traduce en el día a día de las fábricas. En los últimos meses se multiplicaron las suspensiones de personal, los recortes de turnos y los esquemas de reducción salarial nominal temporaria, una dinámica que todavía no derivó en despidos masivos, pero que encendió todas las alertas en el plano sindical.
El escenario genera preocupación tanto en los gremios como en las economías locales que dependen del funcionamiento de estas plantas, especialmente en distritos donde la industria automotriz es el principal sostén del empleo formal.
El ministro de Economía bonaerense, Pablo López, fue contundente al exponer la magnitud del derrumbe. Entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, la producción de autos cayó un 73,4%, una baja que, si bien no refleja el eje principal de especialización de la provincia, tiene un fuerte impacto simbólico y productivo.
El efecto arrastre alcanza a industrias asociadas. Un caso emblemático es el del sector del neumático, cuya producción se contrajo un 60%, alcanzando su peor nivel en los últimos cinco años, de acuerdo a los datos oficiales difundidos por la cartera económica provincial.
El deterioro no se limita a los automóviles. En el mismo período, la producción total de vehículos cayó un 31,6%, mientras que la de utilitarios retrocedió un 4,1% en comparación con 2024. Aunque la baja en este último segmento es más moderada, confirma una tendencia descendente generalizada en todo el complejo.
La magnitud de los números deja en evidencia que la crisis industrial en la provincia de Buenos Aires no responde a un ajuste coyuntural, sino a un deterioro estructural de la actividad, con efectos directos sobre el empleo, la inversión y la recaudación.
Mientras el escenario macroeconómico sigue tensionando costos, consumo y financiamiento, el desplome de la producción automotriz se convierte en un termómetro clave del estado de la industria nacional, y en una señal de alarma que excede largamente a un solo sector.