viernes 30 de enero de 2026
- Edición Nº2613

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¿Quién manda en el PJ bonaerense? La interna peronista se acelera con los plazos encima

12:04 |Máximo Kirchner habilitó una salida ordenada, pero el kicillofismo la desestimó y ratificó que el gobernador encabezará el partido. Magario, los intendentes y el 2027 en el trasfondo.



La interna del Partido Justicialista bonaerense entró en una fase decisiva. Con el cierre de listas fijado para el 8 de febrero, los márgenes de maniobra se achican y los gestos políticos pesan tanto como las decisiones formales. En ese contexto, Máximo Kirchner dejó trascender una señal fuerte hacia su propio espacio y hacia el kicillofismo: está dispuesto a correrse de la presidencia del PJ provincial si Axel Kicillof acepta asumir personalmente la conducción del partido.

La propuesta —que desde el kirchnerismo presentan como un gesto de unidad y desde el kicillofismo leen como una “operación”— reordenó el tablero interno y dejó al gobernador en el centro de la escena. No solo por lo que pueda decidir, sino por lo que su eventual decisión implicaría en términos de poder, liderazgo y proyección a futuro.

Un gesto que busca descomprimir… y marcar límites

Según el entorno de Máximo Kirchner, la idea es simple: si el criterio del kicillofismo es que la conducción partidaria debe alinearse con la estrategia del Ejecutivo provincial, entonces “lo más lógico” es que el presidente del PJ sea el propio gobernador, como ocurre en otras provincias. La frase no es ingenua. Reconoce una realidad —el peso político de Kicillof— pero también intenta fijar una regla de juego institucional.

Desde esta mirada, la jugada apunta a evitar una interna abierta, ordenar la transición y sostener una mesa de unidad que permita al peronismo bonaerense llegar cohesionado a los próximos desafíos electorales. El problema es que del otro lado no leen la señal como una concesión altruista.

El kicillofismo contraataca: “pura operación”

En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio que responde al gobernador, la reacción fue inmediata. Voceros del sector negaron contactos formales y hablaron de una maniobra mediática del kirchnerismo para amortiguar una derrota que consideran inevitable. En privado, la lectura es más cruda: la propuesta de Máximo sería una capitulación anticipada frente a un escenario adverso.

El argumento central del kicillofismo es que la idea de que Kicillof conduzca el PJ no nació en La Cámpora, sino en un grupo de intendentes bonaerenses que vienen empujando esa alternativa desde hace semanas. En ese marco, sostienen que el diputado nacional “se enteró tarde” de ese movimiento y ahora intenta apropiárselo para condicionar el desenlace.

La definición que repiten puertas adentro es tajante: “El espacio de Axel va a conducir el PJ bonaerense de una u otra manera”. No hay margen —aseguran— para presidencias simbólicas ni nombres decorativos.

Magario, la carta que tensiona la mesa

Mientras se discute la eventual presidencia de Kicillof, el MDF sigue impulsando con fuerza la candidatura de Verónica Magario para encabezar el PJ provincial. Su nombre creció al calor de la histórica reticencia del gobernador a presidir el partido y funciona, a la vez, como una herramienta de presión interna.

Para el kirchnerismo, esa estrategia busca desplazar definitivamente al sector de Máximo Kirchner de la conducción partidaria. Para el kicillofismo, en cambio, Magario representa continuidad de gestión, territorialidad y una síntesis posible entre partido y gobierno.

La reunión que Kicillof encabezó en La Plata con intendentes y referentes del MDF —con figuras de peso del gabinete y del conurbano— reforzó esa lectura y alimentó las sospechas cruzadas.

Intendentes, 2027 y el trasfondo real de la disputa

Más allá de los cargos formales, lo que se discute es algo más profundo: quién conduce políticamente el peronismo bonaerense en una etapa de reconfiguración nacional. En ese sentido, no pasó desapercibido que en el encuentro del MDF también se haya hablado del armado político de Kicillof con vistas a 2027.

Ahí aparece la clave del conflicto. Para el kirchnerismo, la conducción partidaria es un espacio estratégico desde donde disputar el rumbo del peronismo y su relación con el poder nacional. Para el kicillofismo, el PJ debe dejar de ser una estructura “opositora” dentro de la propia provincia y alinearse de manera directa con el proyecto del gobernador.

Unidad forzada y calendario implacable

Con el reloj corriendo, ambos sectores admiten que los plazos empujan a un entendimiento. El 8 de febrero vence la presentación de listas y la posibilidad de organizar una interna formal en tan poco tiempo aparece como poco viable. En paralelo, otros actores empezaron a mover fichas: Mariel Fernández formalizó su intención de competir y avanzó con la acreditación de apoderados, sumando presión a una mesa ya cargada de tensiones.

La decisión de la Junta Electoral del PJ bonaerense de prorrogar hasta el 8 de febrero el plazo para la presentación de avales mantuvo abiertas las negociaciones, pero no despejó la incertidumbre. El escenario sigue atravesado por la desconfianza, aunque nadie desconoce el costo político de una fractura.

¿Quién conduce y para qué?

La jugada de Máximo Kirchner dejó la pelota en el campo de Axel Kicillof. Aceptar la presidencia del PJ implicaría asumir un rol formal que hasta ahora evitó, pero también consolidar un liderazgo indiscutido dentro del peronismo bonaerense. Rechazarla, en cambio, obligaría a buscar una síntesis —probablemente con Magario— sin ceder el control real del partido.

En cualquiera de los casos, el mensaje del kicillofismo es claro: la conducción política ya está definida, con o sin gestos de unidad. La discusión que resta es cómo se formaliza ese poder y qué lugar ocupan los otros actores en el nuevo equilibrio interno.

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