La industria metalúrgica atraviesa uno de sus momentos más críticos de los últimos años y la provincia de Buenos Aires, corazón industrial del país, aparece como el territorio más golpeado por el derrumbe de la actividad. Según el último Informe Mensual de Actividad de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), en diciembre la producción cayó 7,1% interanual, mientras que el uso de la capacidad instalada se desplomó al 44%, un nivel comparable al de los meses más duros de la pandemia de 2020.
El dato adquiere una dimensión particular en territorio bonaerense: Buenos Aires lideró el retroceso a nivel nacional, con una baja del 9,2%, superando incluso a provincias históricamente industriales como Córdoba y Santa Fe. El registro confirma una tendencia que preocupa al entramado productivo: plantas funcionando a media máquina, turnos recortados y un mercado interno que no logra reaccionar.
Buenos Aires, el epicentro del ajuste industrial
La provincia concentra una parte sustancial de la metalurgia argentina, con polos clave en el Conurbano, el Gran La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Zárate–Campana y el corredor norte. En estos distritos se localizan fundiciones, autopartistas, fabricantes de bienes de capital, maquinaria agrícola y equipos eléctricos, hoy atravesados por una combinación letal: caída del consumo, encarecimiento del crédito y avance de importaciones.
El informe de ADIMRA muestra que todas las provincias metalúrgicas registraron caídas, pero el impacto fue especialmente severo en Buenos Aires. La magnitud del retroceso no solo responde al tamaño de su estructura productiva, sino también a su mayor exposición al mercado interno, que sigue debilitado por la pérdida de poder adquisitivo y la retracción de la inversión.
Capacidad instalada en niveles de pandemia
Uno de los indicadores más alarmantes es el uso de la capacidad instalada, que descendió al 44%, un umbral históricamente bajo. En la práctica, esto implica que más de la mitad de la capacidad productiva de las plantas metalúrgicas bonaerenses está ociosa.
Este escenario remite a los meses críticos de marzo a junio de 2020, cuando la pandemia paralizó la actividad industrial. La diferencia es que ahora no hay restricciones sanitarias, sino un entramado de factores económicos que limitan la producción: menor demanda, mayores costos financieros y una competencia externa que gana terreno.
Subsectores golpeados: fundición y autopartes, entre los más afectados
El deterioro no es homogéneo, pero sí generalizado. A nivel sectorial, los rubros con mayor presencia en Buenos Aires se encuentran entre los más castigados:
El único segmento con números positivos fue carrocerías y remolques, que mostró una mejora interanual del 1,5%, aunque insuficiente para compensar el derrumbe general.
Importaciones en alza y consumo en retroceso
Desde ADIMRA advierten que el frente externo se convirtió en un factor decisivo del deterioro. El presidente de la entidad, Elio Del Re, señaló que las importaciones de productos metalúrgicos crecen a un ritmo superior al 70% interanual, mientras que el consumo interno continúa en retroceso.
En paralelo, el comercio exterior refleja un escenario adverso:
Para la industria bonaerense, esto se traduce en pérdida de mercado frente a productos importados, muchas veces con precios más competitivos, en un contexto donde las empresas locales enfrentan mayores costos y menor volumen de ventas.
Empleo bajo presión en el entramado bonaerense
El impacto productivo ya se siente en el mercado laboral. El informe registró una caída interanual del empleo del 2,5%, un dato que, aunque moderado, anticipa tensiones crecientes si la actividad no logra recuperarse.
En Buenos Aires, donde la metalurgia emplea a decenas de miles de trabajadores directos e indirectos, la combinación de capacidad ociosa y caída de pedidos mantiene en alerta a sindicatos, pymes y proveedores de toda la cadena industrial.
Con estos números, la industria metalúrgica cerró 2025 con una contracción acumulada del 0,9%, luego de haber caído un 12,1% en 2024. En términos de nivel de actividad, el sector se encuentra casi un 20% por debajo de sus máximos recientes, una señal clara de la profundidad del ajuste.
Para la provincia de Buenos Aires, el panorama es especialmente delicado: la caída de la metalurgia no solo afecta a las fábricas, sino que impacta en el empleo, el entramado pyme y la recaudación local. Sin señales claras de recuperación del consumo ni de una política industrial que amortigüe el avance importador, el sector enfrenta un 2026 cargado de incertidumbre.