La polémica por la denominada “tasa vial” volvió a instalarse con fuerza en la agenda política de Mar del Plata. El bloque de concejales de Fuerza Patria presentó un proyecto de ordenanza para derogar el tributo que aplica un recargo del 3% sobre la carga de combustibles líquidos y GNC, al considerar que la medida “fracasó” y no cumplió con el objetivo para el cual fue creada.
La iniciativa apunta directamente contra la gestión del intendente Guillermo Montenegro, actualmente de licencia, y también contra la administración interina de Agustín Neme, bajo la cual la tasa continúa vigente. El debate se reabre en un momento clave: en la previa del tratamiento del Presupuesto municipal, cuando se discute el destino y la eficiencia de los recursos públicos.
La tasa vial fue implementada en 2024 con el argumento de financiar el mantenimiento y arreglo de las calles de la ciudad. Sin embargo, desde la oposición sostienen que los resultados prometidos nunca llegaron. “Se trata de una carga directa y permanente que impacta todos los días en el bolsillo de vecinos y turistas, y que solo puede justificarse si produce resultados concretos en la vida cotidiana de la ciudad”, señalaron desde el bloque kirchnerista.
En ese sentido, los concejales fueron contundentes al evaluar el estado actual de la infraestructura urbana. “Las calles no mejoraron. Por el contrario, están peor que nunca”, denunciaron, al tiempo que cuestionaron la falta de obras visibles que respalden la continuidad del tributo.
Otro de los puntos centrales del reclamo tiene que ver con el destino de los fondos recaudados. Según Fuerza Patria, parte del dinero que debía estar afectado específicamente a obras viales habría sido utilizado para el pago de sueldos municipales, lo que contradice el espíritu original de la tasa. Además, remarcaron que Mar del Plata tiene una de las tasas viales más altas de la provincia de Buenos Aires, comparable únicamente con la que se cobra en Pinamar.
El malestar social también comenzó a expresarse en las calles. En las últimas horas, vecinos de la zona de Plaza Peralta Ramos, cansados de reclamar sin obtener respuestas por el deterioro del asfalto, recurrieron a una protesta irónica: bautizaron a los baches de una de las cuadras con los nombres de Guillermo Montenegro y Agustín Neme, como forma de visibilizar el problema.
El proyecto de derogación ahora deberá ser tratado en el Concejo Deliberante, donde se anticipa un debate intenso y cargado de tensión política.