Con el inicio del nuevo período legislativo bonaerense, el tablero político comienza a tomar forma alrededor de una serie de debates estructurales que exceden la coyuntura y ponen sobre la mesa tensiones de fondo entre oficialismo, libertarios y las fuerzas tradicionales. En ese escenario, el radicalismo alineado con Maximiliano Abad busca marcar una posición a partir de algunas premisas: el rechazo a las reelecciones indefinidas, la defensa de la calidad institucional y una apuesta estratégica por la autonomía municipal como eje de una eventual reforma de la Constitución provincial.
Mientras el oficialismo dejó en clara su intención de avanzar sobre la ley que limita los mandatos de los intendentes —una norma que en 2027 dejaría fuera de carrera a 81 jefes comunales—, y La Libertad Avanza impulsa la boleta única de papel como bandera electoral, comienzan a circular versiones sobre posibles acuerdos cruzados. En esas especulaciones comienza a sonar la idea de una reforma electoral integral que combine cambios en el sistema de votación con la habilitación de reelecciones indefinidas y modificaciones en la representación seccional.
Frente a esa marea de rumores, el abadismo decidió levantar un muro político. Desde ese sector advierten que no acompañarán ningún pacto que, bajo la excusa de modernizar el sistema electoral, termine debilitando los límites al poder local. La lectura interna es que una negociación de ese tipo no solo afectaría la calidad institucional, sino que además borraría diferencias sustantivas entre el peronismo bonaerense y el mileísmo, algo que el radicalismo busca capitalizar como fuerza de equilibrio.
Sin embargo, la postura no es homogénea dentro del propio radicalismo. En la Cámara de Diputados, la conducción de Alejandra Lordén aparece más cercana al foro de intendentes boina blanca, donde se concentran varios jefes comunales históricos que no podrían reelegir en 2027. Nombres como Miguel Lunghi en Tandil, Maximiliano Suescún en Rauch, Esteban Reino en Balcarce o Erica Revilla en General Arenales reflejan una tensión latente entre la defensa de los límites institucionales y las necesidades políticas de los territorios.
Es en ese punto donde el abadismo intenta correr el eje del debate. Para ese sector, cualquier reforma electoral profunda —que incluya boleta única, reelecciones y cambios en la representación— debería necesariamente pasar por una reforma parcial de la Constitución bonaerense. Y allí aparece una vieja bandera radical que buscan reposicionar: la autonomía municipal.
La propuesta no es nueva, pero sí adquiere centralidad en un contexto de negociación institucional. El radicalismo plantea un esquema de descentralización real de recursos, con una suerte de coparticipación inversa que permita a los municipios retener lo que recaudan y reducir su dependencia de la Provincia. El argumento es político y administrativo: la normativa que regula la vida municipal data de 1958 y, pese a sus múltiples retoques, no responde a las demandas actuales de gestión, financiamiento y autonomía.
En esa línea, los boina blanca sostienen que una reforma parcial de la Constitución podría avanzar sin necesidad de una Asamblea Constituyente, siempre que se alcancen los dos tercios en ambas cámaras legislativas. Una salida institucional que, además de ordenar el debate electoral, permitiría discutir de fondo el modelo de poder y distribución de recursos en la provincia más grande del país.
A este paquete de demandas se suma otro reclamo sensible: la autarquía financiera y administrativa del IOMA. Los bloques radicales, en sintonía con el PRO, vienen denunciando irregularidades y deficiencias en la obra social de los empleados públicos, especialmente en el interior bonaerense. El intento de instalar el tema en la discusión presupuestaria del año pasado chocó con la negativa del oficialismo, pero el radicalismo anticipa que volverá a insistir.
Así, en esta búsqueda de diferenciarse tanto del peronismo gobernante como del avance libertario, los radicales abadistas apuntarán a una agenda que combine límites al poder, descentralización y reformas institucionales de largo aliento. Resta saber si esa estrategia logrará imponerse dentro del propio radicalismo y si encontrará eco en un Parlamento atravesado por especulaciones, acuerdos posibles y una pulseada que, más temprano que tarde, volverá a poner en discusión las reglas de juego de la política bonaerense.