La continuidad del Festival de Música Popular de Baradero, uno de los eventos culturales más emblemáticos del país, quedó envuelta en una fuerte incertidumbre luego de que el intendente Esteban Sanzio confirmara que el Municipio no destinará fondos propios para su realización y condicionara su concreción al aporte exclusivo de productoras privadas.
Aunque semanas atrás se había anunciado que el festival se desarrollaría entre el 14 y el 16 de febrero, a poco más de un mes de la fecha prevista no hay artistas confirmados ni programación oficial, una situación que encendió la preocupación entre vecinos, trabajadores de la cultura y sectores vinculados al turismo local.
En declaraciones radiales, Sanzio fue explícito al marcar un cambio de rumbo en el esquema de organización: “Si las productoras se hacen cargo de cada una de las noches sin que el Municipio ponga un peso, nos sentamos y avanzamos”. La frase dejó en claro que, por primera vez en décadas, el Estado municipal no asumirá la contratación artística del evento.
El intendente explicó que el modelo histórico —con la Provincia aportando la estructura técnica y el Municipio financiando a los artistas— hoy resulta inviable desde lo presupuestario. “La realidad es que el Municipio no puede sostener eso”, sostuvo, y planteó que solo sería posible avanzar si el financiamiento proviene del Estado provincial o de privados que absorban el costo total de alguna de las noches.
Si bien el jefe comunal aseguró ser “defensor del festival”, su postura marca un punto de inflexión en la política cultural local. La decisión de no invertir recursos municipales en un evento que forma parte de la identidad de Baradero desde la década del 60 abre interrogantes sobre el rol que el Ejecutivo local pretende asumir en la preservación de su patrimonio cultural.
En ese sentido, Sanzio también dejó abierta la posibilidad de modificar la fecha del festival para facilitar acuerdos con productoras, al reconocer que llegar a mediados de enero sin definiciones “no le da margen a ninguna productora para trabajar con seriedad”. El argumento, sin embargo, expone una planificación tardía que recae sobre un evento cuya organización suele demandar meses de anticipación.
El Festival de Música Popular de Baradero no solo es un símbolo cultural, sino también un motor económico y turístico para la ciudad. La incertidumbre actual no solo pone en riesgo su realización en 2026, sino que instala un debate de fondo: hasta qué punto el Municipio está dispuesto a sostener, con políticas públicas concretas, los eventos que definen la identidad local, o si su continuidad quedará librada a la lógica del mercado y la rentabilidad privada.