La contaminación por plásticos volvió a encender una señal de alarma en la provincia de Buenos Aires. Un relevamiento reciente confirmó que casi ocho de cada diez residuos hallados en las playas bonaerenses son de origen plástico, consolidando una problemática ambiental que se mantiene estable desde hace años y que tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas marinos y costeros.
Según los resultados del 8º Censo Provincial de Basura Costera Marina 2025, realizado por la Red Costera Bonaerense (RECOBO), el 78,36% de los residuos relevados en playas de la provincia correspondieron a plásticos. El estudio se llevó a cabo durante los meses de septiembre y octubre en 17 localidades y puntos costeros, con la participación de 457 voluntarios y 50 instituciones, y abarcó una superficie total de 172.359 metros cuadrados.
En ese marco, se registraron 39.826 residuos, una cifra que permite dimensionar la magnitud del problema y confirma que la basura marina de origen plástico sigue siendo el principal contaminante en la costa bonaerense.
Un fenómeno global con impacto local
La situación de las playas bonaerenses no es un caso aislado. A nivel mundial, la contaminación plástica se consolidó como uno de los mayores desafíos ambientales. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el planeta produce actualmente más de 430 millones de toneladas de plástico por año, una cifra que creció de manera exponencial desde mediados del siglo XX.
Diversos informes internacionales advierten, además, que entre el 80% y el 90% de los residuos marinos a escala global son plásticos, debido a su uso masivo y a su extrema persistencia en el ambiente. La Argentina, y en particular la provincia de Buenos Aires, replican esa tendencia.
Los residuos más frecuentes en la costa
Dentro del universo de plásticos relevados, los fragmentos plásticos de origen marino fueron el ítem más encontrado, representando el 27,32% del total. Estos restos provienen de la degradación de objetos de mayor tamaño que, lejos de desaparecer, se fragmentan progresivamente en piezas cada vez más pequeñas, incluidos los microplásticos, que pueden ser ingeridos por distintas especies y terminar ingresando en la cadena alimentaria.
En segundo lugar se ubicaron las colillas de cigarrillo, que alcanzaron el 21,34% de los residuos censados. Aunque muchas veces subestimadas, las colillas constituyen un contaminante altamente tóxico: están compuestas principalmente por acetato de celulosa, un tipo de plástico no biodegradable, y liberan nicotina, metales pesados y otros compuestos químicos que deterioran la calidad del agua y afectan gravemente a la fauna marina y a las aves costeras.
A estos desechos se suman restos de redes, sogas, líneas de pesca y otros residuos vinculados a la actividad pesquera, que suelen permanecer abandonados en el ambiente. Este tipo de basura provoca enmalles, enredos y lesiones graves en mamíferos marinos, aves y tortugas, incluso mucho tiempo después de haber sido descartada.
El impacto sobre la fauna marina
Las consecuencias de esta contaminación son visibles en los centros de rescate y rehabilitación de fauna. “Una gran proporción de los animales marinos que asistimos presentan interacción con residuos de origen antrópico, principalmente plásticos, ya sea por ingestión, enmalles o lesiones asociadas”, explicó Karina Álvarez, bióloga y responsable de proyectos de conservación de la Fundación Mundo Marino.
En el caso de las aves marinas y costeras, la presencia de basura puede estar asociada a cuadros de debilidad extrema, intoxicaciones e incluso parálisis, como ocurre con el botulismo aviar. Las tortugas marinas, en tanto, enfrentan un riesgo especialmente elevado, ya que suelen confundir bolsas, envoltorios y fragmentos plásticos con su alimento natural.
“Reducir la cantidad de residuos que llegan al mar es una medida directa de protección para estas especies”, subrayó Álvarez, al tiempo que remarcó la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, educación ambiental y gestión integral de residuos.
Los resultados del censo confirman que, pese a las campañas de concientización y a los esfuerzos de organizaciones y voluntarios, la contaminación por plásticos en la costa bonaerense sigue siendo un problema estructural. La persistencia de estos residuos en el ambiente y su impacto sobre la biodiversidad vuelven a poner en agenda la urgencia de reducir el consumo de plásticos de un solo uso, mejorar los sistemas de recolección y tratamiento de residuos y promover cambios de comportamiento tanto a nivel individual como colectivo.