sábado 10 de enero de 2026
- Edición Nº2593

País

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El costo oculto del salvataje electoral

La devolución del swap con EE.UU. cierra un capítulo clave de la tensión cambiaria previa a las legislativas, pero deja expuesta la fragilidad del esquema económico.



El Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirmó la cancelación del tramo activado del swap con el Tesoro de los Estados Unidos por unos u$s2.500 millones, una operación que fue presentada por el Gobierno como una señal de fortaleza financiera y por Washington como un negocio redondo. Sin embargo, detrás del anuncio celebratorio se esconde una trama que expone continuidades preocupantes: el reemplazo de una deuda por otra, la opacidad en el uso de reservas y un grado de dependencia externa que lejos está de resolverse.

El pago fue anunciado primero por Scott Bessent, secretario del Tesoro norteamericano, y luego ratificado por el BCRA que conduce Santiago Bausili. El dato central es que la cancelación no habría surgido de un fortalecimiento genuino de las reservas, sino de un nuevo endeudamiento, presuntamente con el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el llamado “banco de los bancos centrales”.

De salvataje electoral a deuda reciclada

El swap con Estados Unidos fue activado en octubre de 2025, en plena tensión cambiaria y a semanas de las elecciones legislativas, cuando el esquema económico del gobierno de Javier Milei y su ministro Luis Caputo mostraba señales de fragilidad. Los dólares del Tesoro estadounidense ingresaron para contener el tipo de cambio y evitar que perforara el techo de la banda, en una intervención directa que tuvo un claro objetivo político: garantizar estabilidad financiera hasta que pasara el test electoral.

Ahora, esa asistencia fue cancelada, pero no sin costo. Los balances del BCRA muestran una caída casi idéntica en el rubro “otros pasivos” (donde se computan los swaps) y un aumento equivalente en el ítem “organismos internacionales”, lo que refuerza la hipótesis de un préstamo puente del BIS para pagarle a Washington. En otras palabras: no se pagó, se refinanció.

Ganancia para Estados Unidos, costo para Argentina

Bessent no ocultó el enfoque de su gobierno. Celebró que el Fondo de Estabilización Cambiaria de EE.UU. obtuvo “decenas de millones de dólares en ganancias” gracias a la operación. Esas ganancias, como recordó el analista financiero Christian Buteler, surgen de los intereses que pagó el BCRA por las letras en pesos y por el propio swap. Lo que para el Tesoro estadounidense es un logro fiscal, para la Argentina es un costo financiero adicional.

El mensaje político fue explícito: el salvataje se inscribió en la lógica de “América Primero” y en la estrategia de consolidar aliados en la región. No casualmente, Bessent volvió a elogiar el rumbo económico de Milei y prometió seguir apoyándolo, dejando en claro que la relación financiera está atravesada por alineamientos geopolíticos.

Opacidad y señales ambiguas

Uno de los puntos más críticos es la falta de transparencia. El BCRA confirmó la cancelación, pero evitó detallar con qué fondos se realizó. Amparada en la “confidencialidad” de este tipo de operaciones, la autoridad monetaria volvió a blindar información sensible en un contexto donde las reservas netas siguen siendo un tema delicado.

Además, el swap permanece vigente. Es decir, la Argentina podría volver a utilizarlo ante una nueva turbulencia cambiaria. Lejos de marcar un cierre definitivo de la dependencia financiera, la operación deja abierta la puerta a futuros salvatajes, con condiciones y costos que no se discuten públicamente.

El Gobierno busca mostrar la cancelación como prueba de normalización y regreso a los mercados. Sin embargo, el trasfondo sugiere un escenario menos optimista: se paga una deuda tomando otra, se celebran ganancias ajenas y se consolida un esquema donde la estabilidad cambiaria depende de auxilios externos de corto plazo.

La pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿hay un fortalecimiento estructural de la economía argentina o apenas una administración táctica de la fragilidad? Por ahora, el swap cancelado no parece un punto de llegada, sino un nuevo capítulo de una historia conocida: la de una estabilidad sostenida con alfileres financieros y decisiones tomadas más por urgencia política que por solvencia económica.

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