La situación de los inquilinos se volvió crítica en todo el país. Según la última Encuesta Nacional Inquilina de Inquilinos Agrupados, uno de cada cuatro hogares destina entre el 60% y el 100% de su salario mensual a pagar el alquiler, una proporción que deja poco margen para afrontar otros gastos básicos.
El relevamiento muestra una fuerte polarización: mientras un 25% logra sostener el alquiler con cerca del 30% de sus ingresos, otro cuarto resigna casi la totalidad del sueldo para cumplir con ese compromiso. Como consecuencia directa de este escenario, uno de cada seis hogares atravesó un desalojo económico.
Desde la organización apuntaron a los cambios normativos recientes. “La flexibilización de las condiciones mediante el Decreto 70/23 que terminó con la Ley de Alquileres profundizó la crisis habitacional y económica en los hogares inquilinos”, sostuvo Gervasio Muñoz, referente de Inquilinos Agrupados.
El endeudamiento aparece como una constante para sostener el techo. El 68% de los inquilinos declaró tener deudas, mayormente con tarjetas de crédito, y el 76,1% de esos pasivos está vinculado a gastos asociados al alquiler.
Muñoz explicó que el impacto no es casual y apuntó al sentido de las reformas impulsadas por el Gobierno nacional: “lo que querían es que la transferencia de ingresos de los inquilinos hacia los dueños de las viviendas sea mucho más grande de lo que era”.
A la presión del alquiler se suma la precariedad laboral. El 46% de los inquilinos tiene más de un trabajo, el 28% debió sumar otro empleo para llegar a fin de mes y el 15% perdió su puesto en los últimos meses, reflejando un escenario de inestabilidad creciente.
El ajuste también se siente en la vida cotidiana. Seis de cada diez hogares recortaron gastos en alimentos y más de la mitad redujo consumos en salud, mientras que solo el 38,5% logra realizar las cuatro comidas diarias. Para miles de familias, pagar el alquiler implica resignar lo esencial.