En la Provincia de Buenos Aires, el tradicional paso por el Registro Civil ya no ocupa el lugar central que tuvo durante décadas en la vida de las parejas. Los datos oficiales confirman un cambio sostenido en la forma de vincularse y de formalizar las relaciones: los matrimonios continúan en baja, mientras que las uniones convivenciales se consolidan como una alternativa cada vez más elegida.
Durante 2025, se registraron 45.707 matrimonios en territorio bonaerense. La cifra representa una caída aproximada del 10,2% respecto de 2024, cuando se habían celebrado 50.874 bodas. El descenso no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una tendencia que se viene profundizando desde años anteriores y que refleja transformaciones sociales más amplias.
El fenómeno tampoco es exclusivo de la provincia. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los registros oficiales muestran una dinámica similar: los casamientos disminuyeron alrededor de un 12%, mientras que las uniones civiles crecieron de manera acelerada, con un incremento cercano al 60% durante 2024. Este paralelismo refuerza la idea de que se trata de un cambio estructural en las formas de conformar pareja, más que de una coyuntura puntual.
En paralelo a la baja de los matrimonios, las uniones convivenciales muestran un crecimiento sostenido. Entre 2020 y 2025, este tipo de registros aumentó cerca de un 17% en la Provincia de Buenos Aires, hasta alcanzar 40.869 inscripciones. La cifra da cuenta de una elección cada vez más frecuente entre parejas que deciden convivir y dejar constancia legal de su vínculo, sin recurrir al matrimonio tradicional.
La unión convivencial, incorporada al marco legal argentino hace algunos años, permite registrar la convivencia ante el Estado y acceder a determinados derechos, aunque con diferencias importantes respecto al matrimonio. Mientras casarse genera efectos automáticos —como la comunidad de bienes, la protección de la vivienda familiar y derechos hereditarios—, la unión convivencial requiere inscripción y, en algunos casos, la firma de pactos específicos para regular cuestiones patrimoniales. Aun así, ofrece amparos relevantes, como facilitar trámites ante obras sociales, organismos públicos o el reconocimiento de la convivencia en situaciones administrativas y legales.
Las razones detrás de este cambio de comportamiento son múltiples. Especialistas en demografía y vínculos coinciden en señalar la incidencia de transformaciones culturales profundas, una mayor valorización de la autonomía personal y una mirada más flexible sobre los compromisos afectivos. A esto se suman factores económicos, como el costo asociado a la formalización del matrimonio o la incertidumbre laboral, que llevan a muchas parejas a optar por alternativas menos rígidas.
Así, el retroceso del “sí, acepto” y el avance de las uniones convivenciales no solo reflejan una elección individual, sino también una redefinición colectiva de cómo se entienden hoy las relaciones, el compromiso y la vida en común. En la Provincia de Buenos Aires, las estadísticas muestran que las formas de vincularse están cambiando, y que el modelo único del matrimonio civil ya no concentra, como antes, las decisiones de las parejas.