Tras semanas de negociaciones discretas y tensión en el frente financiero, el Gobierno logró cerrar una operación clave para evitar sobresaltos inmediatos en el calendario de deuda. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acordó un préstamo por US$3.000 millones bajo la modalidad de repo con un club de seis bancos internacionales, lo que permitió completar los fondos necesarios para afrontar el vencimiento de deuda externa que cae este viernes.
La maniobra, impulsada por el ministro de Economía Luis Caputo, garantiza oxígeno financiero en el muy corto plazo, pero abre interrogantes sobre la estrategia de endeudamiento, el uso de dólares del sector privado y el costo que el Estado está dispuesto a pagar para sostener la normalidad cambiaria y financiera.
Qué es el repo y qué compromete el BCRA
La operación es un pase pasivo (repo): el BCRA recibe dólares y entrega como garantía bonos soberanos —en este caso, Bonar 2035 y Bonar 2038— con el compromiso de recomprarlos al vencimiento. El plazo pactado es de 372 días, algo más de un año, y la tasa acordada asciende a SOFR + 400 puntos básicos, lo que equivale a 7,4% anual en dólares.
Para el Central que conduce Santiago Bausili, el dato político-financiero que busca resaltarse es la fuerte demanda: hubo ofertas por US$4.400 millones, un 50% más que el monto finalmente tomado. Sin embargo, el organismo decidió no ampliar la colocación, aun cuando el apetito del mercado lo permitía.
Un vencimiento cubierto, pero con piezas que se mueven
Con este repo, el Gobierno logra completar los US$4.200 millones necesarios para el pago inmediato. De ese total, alrededor de US$500 millones corresponden a organismos públicos y US$3.700 millones a tenedores privados. A eso se suman fondos ya disponibles en el Tesoro y el ingreso —todavía con tiempos poco claros— de US$706 millones por la venta de las concesiones hidroeléctricas de Alicurá, El Chocón, Piedra del Águila y Cerros Colorados.
En los despachos oficiales confían en que ese flujo, más un remanente cercano a US$1.700 millones en manos del Tesoro, permita también encarar el vencimiento del mes de julio sin recurrir de inmediato a una emisión internacional de bonos.
Señales al mercado: normalización o dependencia del corto plazo
Desde el BCRA se presentó la operación como una señal de “normalización” del acceso al crédito y como un respaldo externo al programa económico, en un contexto de caída del riesgo país. No obstante, entre analistas y operadores aparece una lectura más cauta: el repo no es financiamiento genuino de largo plazo, sino deuda de corto plazo con garantía, a una tasa elevada para estándares internacionales.
Además, marca un giro en la estrategia oficial. Hasta hace poco, el discurso sostenía que los dólares del sector privado no se utilizarían para cubrir compromisos del Estado. Hoy, la urgencia por cumplir con los vencimientos parece haber impuesto pragmatismo: los dólares se buscan donde estén disponibles, incluso en el mercado local o mediante instrumentos transitorios.
Economistas advierten que, si esta dinámica se prolonga, el Gobierno podría verse forzado a reabrir emisiones en dólares de corto plazo —una reedición de las antiguas LETES— para sostener el roll over, con el riesgo de acumular vencimientos concentrados en el próximo ciclo político.
En síntesis, el repo por US$3.000 millones le permite a Caputo ganar tiempo y evitar un evento de estrés financiero en lo inmediato. Pero el costo es alto y el horizonte sigue siendo frágil: más deuda en dólares, garantías comprometidas y una estrategia que, por ahora, se apoya en parches de corto plazo.
El mercado toma nota. La pregunta que queda abierta no es si el Gobierno puede pagar el próximo vencimiento —eso, por ahora, está resuelto— sino cómo planea salir de la lógica del financiamiento puente sin volver a chocar con la restricción externa.