jueves 08 de enero de 2026
- Edición Nº2591

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Sin médicos y sin red: el fin de un programa clave para bebés con cardiopatías

El Gobierno nacional despidió al equipo médico del PNCC, una política clave que garantizaba cirugías y derivaciones para más de 4.000 niños por año en todo el país.



Sin anuncio previo y sin una explicación pública, el Gobierno nacional avanzó en la desarticulación del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), una política sanitaria clave que durante más de quince años garantizó la derivación y atención de bebés y niños con malformaciones cardíacas en todo el país. La medida implicó el despido de los siete médicos superespecializados que sostenían la coordinación técnica del programa, considerado un modelo a nivel regional por su impacto en la reducción de la mortalidad infantil.

La decisión se comunicó de manera informal y administrativa. Los profesionales recibieron un mensaje escueto en el que se les informaba que no serían contemplados en la renovación de contratos para 2026, en el marco de la Ley Marco de Regulación del Empleo Público Nacional. Ante ese escenario, el equipo —integrado por Willy Conejeros Parodi, Paula Campana, Carlos Fernando Rosental, Silvina Rosellot, Mariana Fernández, Tomás Schwaller y María Eugenia Olivetti— quedó fuera de funciones, dejando al programa sin su columna vertebral médica.

El PNCC había sido creado en 2008 para dar respuesta a una problemática crítica: cada año nacen en Argentina más de 4.000 bebés con cardiopatías congénitas y alrededor de la mitad requiere cirugía en los primeros días o meses de vida. A través de una red federal de 15 centros categorizados según niveles de complejidad, el programa articulaba diagnósticos, derivaciones, traslados y tratamientos, independientemente del lugar de nacimiento del paciente.

La desvinculación del equipo generó una inmediata reacción en la comunidad médica y política. Desde las redes sociales, el médico y diputado nacional Pablo Yedlin advirtió que el programa, además de ser esencial para garantizar el acceso equitativo a la salud, cuenta con respaldo legal. Recordó que fue creado en 2008 y que en 2023 se sancionó la Ley Integral de Atención del Paciente Cardiópata, aún sin reglamentar. “Desmantelarlo es ilegal y es otro error grave del Ministerio de Salud”, alertó.

Detrás de los números hay historias de vida. Según explicó Conejeros Parodi, el PNCC nació por iniciativa del reconocido cirujano cardiovascular pediátrico Guillermo Kreutzer y del jefe de la Unidad Cardiovascular del Hospital Garrahan, Horacio Capelli. El objetivo fue claro desde el inicio: reducir la espera quirúrgica y la morbimortalidad infantil, en un contexto en el que las cardiopatías congénitas constituyen la tercera causa de muerte en la infancia. Gracias a la organización en red y al acceso oportuno a cirugías, la sobrevida alcanzó niveles cercanos al 95%, comparables con los de países desarrollados.

El funcionamiento del programa era permanente. Las 24 horas del día, los siete días de la semana, los coordinadores recibían notificaciones desde todas las provincias a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino. Evaluaban la gravedad de cada caso y definían el centro más adecuado para su atención. Un bebé con una cardiopatía leve podía ser tratado en su provincia; uno con un cuadro complejo era derivado a centros de Córdoba, Tucumán o, en los casos más críticos, a los hospitales de alta complejidad del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Esta lógica federal permitió formar cardiólogos referentes en todas las provincias, mejorar el diagnóstico prenatal, equipar quirófanos con tecnología de alta complejidad y llevar la lista de espera quirúrgica prácticamente a cero. También incorporó la atención de embarazadas y el diagnóstico de cardiopatías fetales, una herramienta clave para anticipar intervenciones que, de otro modo, llegan tarde.

Hoy, tras el recorte, solo permanecen en el área seis empleados administrativos y un directivo del Hospital Garrahan en carácter de asesor. “Ningunearon a los cardiólogos, ofreciéndoles tareas administrativas o de telefonista”, relató Conejeros en diálogo con la prensa. “No trabajábamos por el sueldo, que no superaba el millón de pesos, sino por el compromiso con los chicos. Lo más grave es que los más perjudicados no son los hospitales grandes, sino los pacientes del interior profundo, donde no hay volumen de casos ni recursos suficientes”.

El vaciamiento del PNCC se da en un contexto de fuerte ajuste en las políticas públicas de salud impulsado por la gestión de Javier Milei. Para los especialistas, la decisión no solo implica un retroceso sanitario, sino un riesgo concreto e inmediato. En muchos casos, si un bebé con una cardiopatía congénita no es intervenido en las primeras horas o días de vida, la probabilidad de muerte aumenta de manera dramática.

La primera coordinadora del programa, la doctora Alejandra Villa, sintetizó el impacto en una carta abierta. Allí recordó que el PNCC no fue improvisación, sino planificación, trabajo sostenido y compromiso federal. Destacó que el modelo fue presentado como ejemplo ante organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y que su mayor logro no fue estadístico, sino humano: miles de niños que sobrevivieron, crecieron y hoy llevan una vida plena.

El desmantelamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas deja al descubierto una decisión política que trasciende el plano administrativo. Para quienes lo construyeron y lo sostuvieron durante años, no se trata de cargos ni de estructuras, sino de vidas. “Cuando el Estado y los equipos de salud trabajan en red, los resultados salvan vidas”, advierten. Hoy, esa red quedó al borde de la ruptura, con consecuencias que pueden medirse en el bien más irremplazable: la vida de los bebés.

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