La temporada estival volvió a encender señales de alarma en el interior productivo. La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) alertó por la multiplicación de incendios rurales y pidió respuestas inmediatas para los productores afectados, al tiempo que expuso déficits estructurales en las políticas de prevención y en la capacidad de reacción frente a emergencias de este tipo.
Aunque el escenario más grave se registra del otro lado del límite provincial, la entidad remarcó que en el sudoeste bonaerense los focos se repiten año tras año con patrones similares. Altas temperaturas, sequía prolongada y ráfagas intensas de viento conforman un combo que favorece la propagación del fuego y dificulta su control, especialmente cuando no existe una planificación previa adecuada.
En varios distritos del sudoeste de la provincia, las llamas avanzaron sobre extensas superficies productivas. En algunas localidades, el fuego arrasó miles de hectáreas y obligó a declarar situaciones de emergencia. Las autoridades locales describieron un panorama crítico, con banquinas cubiertas de vegetación seca que funcionan como verdaderos corredores de fuego. A esto se sumó la aparición de incendios subterráneos, que se desplazan por debajo del suelo y vuelven a activarse aun después de ser sofocados, lo que obliga a sostener guardias permanentes para evitar rebrotes.
La problemática también se hizo sentir en otros puntos del sur bonaerense, donde incendios rurales de menor escala demandaron operativos conjuntos de distintos cuarteles de bomberos voluntarios. Si bien varios focos lograron ser contenidos, las condiciones del terreno y la presencia de brasas ocultas generaron reactivaciones que extendieron las tareas durante horas.
El cuadro se agrava en La Pampa, donde rige una alerta roja generalizada por riesgo extremo. Allí, las llamas ya consumieron decenas de miles de hectáreas y mantienen en vilo a productores y autoridades. El combate del fuego requirió un amplio despliegue de recursos humanos y materiales, con dotaciones de bomberos de múltiples localidades y guardias activas ante la posibilidad de nuevos focos, impulsados por el viento y la extrema sequedad del suelo.
Frente a este escenario, CARBAP subrayó que no se trata de una crisis aislada ni imprevisible. Por el contrario, insistió en la necesidad de una estrategia preventiva coordinada antes del inicio de cada verano. Entre los reclamos centrales, la entidad señaló el mantenimiento deficiente de banquinas, rutas y caminos rurales, una responsabilidad que recae sobre organismos viales nacionales y provinciales y que, según remarcan los productores, no se corresponde con las tasas que se abonan. También reclamaron mayor disponibilidad de recursos para la respuesta rápida, como camiones cisterna, maquinaria vial y aviones hidrantes.
Más allá de la emergencia inmediata, el foco empieza a correrse hacia la etapa posterior al fuego. Desde la confederación advirtieron que la recomposición productiva será compleja y demandará apoyo estatal. Recordaron antecedentes de incendios masivos ocurridos en años anteriores, cuando fue necesario articular envíos de forraje para sostener al ganado y poner en marcha planes especiales de asistencia. En ese sentido, consideraron clave habilitar líneas de crédito diferenciales para reconstruir alambrados, corrales y otras instalaciones básicas destruidas por las llamas.
Finalmente, la entidad convocó a los productores damnificados a acercarse a las sociedades rurales de cada zona para relevar daños y coordinar acciones conjuntas. Mientras el fuego sigue siendo una amenaza latente, el interior bonaerense y pampeano enfrenta una crisis que combina pérdidas millonarias, fragilidad estructural y la urgencia de políticas de prevención que, hasta ahora, siguen llegando tarde.