El gobierno de Axel Kicillof encendió señales de alarma tras conocerse los últimos datos del INDEC sobre la utilización de la capacidad instalada en la industria, que en noviembre se ubicó en el 61%. El número no solo confirma la profundidad de la crisis productiva, sino que además perfora el registro de 2020, cuando la actividad estuvo condicionada por el confinamiento de la pandemia de covid-19. Para el Ejecutivo bonaerense, el indicador expone con crudeza el impacto del ajuste económico sobre el entramado industrial y anticipa consecuencias directas sobre el empleo, la inversión y la recaudación.
La preocupación es mayor en la provincia de Buenos Aires por su peso estructural en la economía nacional. El distrito explica el 48,9% del Producto Bruto Interno industrial del país, por lo que cualquier retroceso en la actividad fabril tiene un efecto amplificado. Muy por detrás aparecen la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el 12%, Santa Fe con el 10,3% y Córdoba con el 7,7%. En ese marco, la caída del uso de la capacidad instalada no es un dato aislado, sino una señal de deterioro sistémico que golpea de lleno a la principal plataforma productiva de la Argentina.
La capacidad instalada mide el nivel máximo de producción que una planta puede sostener con su maquinaria y su dotación de personal disponibles. Cuando ese uso se retrae, las líneas se frenan, pero los costos fijos permanecen. El resultado es un deterioro acelerado de los márgenes, menor inversión futura y, en muchos casos, un riesgo concreto de cierre de empresas. Desde la administración bonaerense advierten que este proceso se traduce rápidamente en pérdida de puestos de trabajo y en una menor actividad en cadenas enteras de proveedores.
Los números históricos refuerzan la gravedad del escenario. En 2019, la utilización de la capacidad instalada se ubicaba en el 62,8%. En 2020 descendió al 61,8% por el impacto de la pandemia. Hubo una recuperación parcial en 2022, cuando alcanzó el 66%, pero desde entonces la tendencia volvió a ser descendente hasta llegar al actual 61%, lo que marca un retroceso de carácter estructural para la industria nacional. El dato actual es, además, el peor registro desde 2002, un año emblemático por la profundidad de la crisis económica y social.
El ministro de Economía bonaerense, Pablo López, advirtió que la crisis no se limita a la subutilización de la capacidad productiva o a la pérdida de empleo. “La destrucción de más de 22.400 empresas desde la asunción del Gobierno nacional es un fenómeno grave y transversal a todos los sectores”, señaló en una serie de posteos en los que analizó los datos oficiales. Para el funcionario, la caída industrial es parte de un proceso más amplio de contracción económica que compromete la sostenibilidad del aparato productivo.
Entre los rubros más golpeados aparece la industria textil, afectada de lleno por la apertura importadora, con una caída del 23,3% desde 2023. También muestran fuertes retrocesos los minerales no metálicos, con una baja del 22,6%, y los productos de metal, que cayeron un 22,4%. Se trata de sectores intensivos en empleo y estrechamente vinculados a la obra pública y al consumo interno, dos variables que vienen mostrando un marcado deterioro en el último período.
Desde el entorno de Kicillof sostienen que sin una mejora sostenida de los ingresos y del empleo no existen condiciones para una recuperación industrial. La combinación de caída del consumo interno y mayor presión importadora reduce el mercado para las empresas nacionales y acelera la destrucción de puestos de trabajo, especialmente en los sectores más sensibles. En ese sentido, advierten que la falta de demanda interna termina funcionando como un freno adicional incluso para aquellas firmas que cuentan con capacidad ociosa y podrían producir más.
Las cifras de cierre empresarial confirman la magnitud del ajuste. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 cerraron 19.114 empresas, lo que equivale a casi 29 por día o más de una por hora. En paralelo, se perdieron más de 264.000 empleos registrados, un promedio de 394 personas por día que quedaron fuera del mercado laboral formal. Para la administración bonaerense, estos números no solo describen una coyuntura adversa, sino que configuran un escenario de alarma sobre el futuro de la industria y del empleo en el principal distrito productivo del país.