Con Manuel Adorni como flamante jefe de Gabinete y Diego Santilli en Interior, el Gobierno busca proyectar cohesión y relanzar su gestión bajo el lema de “orden y segunda etapa”.
El encuentro se realizó en el Salón Eva Perón, desde las 9.30 de la mañana y se extendió por más de una hora y media. Estuvieron presentes Adorni, Santilli, Luis Caputo (Economía), Pablo Quirno (Relaciones Exteriores), Mario Lugones (Salud), Sandra Pettovello (Capital Humano), Mariano Cúneo Libarona (Justicia), Patricia Bullrich (Seguridad) y Luis Petri (Defensa).
También participaron Karina Milei y María Ibarzabal Murphy, junto al titular de Diputados Martín Menem, el presidente del Banco Central Santiago Bausili y el asesor presidencial Santiago Caputo. El único ausente fue Federico Sturzenegger, de viaje en España.
Tras la reunión, Adorni declaró: “Fue una reunión espectacular. El Presidente planteó los lineamientos de esta segunda etapa, con los cambios más urgentes: reforma tributaria, laboral, modificación del código penal y el Presupuesto”.
El nuevo mapa de poder: Adorni y Santilli, piezas de distinto signo
El recambio del Gabinete no fue meramente administrativo. Representa un reacomodamiento político interno y una búsqueda de consolidación de un esquema de poder más cerrado y personalista tras la salida de Guillermo Francos.
Adorni —ex vocero presidencial— asume como jefe de Gabinete y pasa a ser la voz y el filtro del Presidente dentro del Ejecutivo. Su nombramiento refuerza la estrategia de centralizar la comunicación y controlar la narrativa oficial. En su entorno definen su nueva función como “una coordinación de gestión, pero con foco en el mensaje”.
En cambio, el desembarco de Diego Santilli en el Ministerio del Interior introduce un matiz distinto. De perfil político y con experiencia territorial, su rol busca tender puentes con intendentes y gobernadores. En el oficialismo lo describen como “el contrapeso racional y dialoguista” en un Gabinete marcado por la verticalidad libertaria.
Reformas y Presupuesto 2026 en el centro del debate
La reunión tuvo dos ejes principales: el Presupuesto 2026 y la hoja de ruta para las reformas estructurales. En esa línea, el Gobierno pretende retomar la iniciativa política luego de semanas de tensión y pérdida de apoyo parlamentario, apuntando a sus objetivos inmediatos, la reforma tributaria y laboral, junto con cambios en el Código Penal.
En paralelo, la Casa Rosada ya proyecta nuevas salidas: Patricia Bullrich y Luis Petri dejarán sus cargos para asumir bancas en el Congreso, lo que anticipa un gabinete cada vez más homogéneo y dependiente del núcleo duro mileísta.
Karina y la consolidación del círculo chico
Detrás del rediseño se encuentra la mano de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y principal estratega del recambio. Desde su entorno aseguran que el objetivo es “consolidar un equipo con lógica libertaria y fidelidad al Presidente”.
El corrimiento de Francos —quien había sido el nexo con los gobernadores— refuerza ese camino. Menos autonomía y más lealtad al liderazgo presidencial: la consigna que ordena al nuevo gabinete.
La reorganización llega en un contexto de presión económica, con inflación persistente, dólar volátil y una oposición en proceso de reconfiguración. Mientras Milei insiste en exhibir una “continuidad ordenada”, las señales apuntan a otra cosa: el Gobierno libertario, en menos de un año, ya tuvo que reinventarse varias veces para sostener el rumbo.
La segunda etapa inaugura promete reformas y disciplina, pero también deja planteado un interrogante central sobre la gobernabilidad a partir de una estrategia basada la concentración y la obediencia.