A lo largo de nuestras vidas, enfrentamos momentos en los que nos preguntamos si realmente estamos donde queremos estar. La rutina, las expectativas sociales y el miedo a lo desconocido pueden llevarnos a postergar decisiones importantes o incluso a silenciar nuestros propios deseos. A veces, el problema no es no saber qué queremos, sino no animarnos a decirlo en voz alta.

