jueves 01 de octubre de 2020 - Edición Nº1652

Notas de Opinión | 26 jul 2020

A 68 años su muerte

La importancia de ser Evita

* Por María Reigada, senadora bonaerense por el Frente de Todos.


No soy la única que a lo largo de los años, al hablar de Evita, escuchó alguna historia o anécdota en donde alguna trabajadora de casa particular, un jornalero, un obrero o un docente, narra o recuerda cómo fue que se enteró que ese 26 de julio de 1952 nos dejaba la que los sectores populares llamaron su abanderada. Porque es difícil pensar en Evita y no entender que esa figura, que su memoria, su legado, su todo, navega entre miles de sentimientos y sensaciones, por lo que nos dejó y por lo que logró. Evita es eterna, para todos y todas, para los humildes, los que sueñan y creen, como para esas minorías que odian, desde lo visceral… Bueno, los volvimos a ver hace poco, con Cristina, con el virus y con todo lo que sintetice al amor de las mayorías populares. "Que viva el cáncer" era el odio expresado por los gorilas. Evita también odiaba, pero a la injusticia, y peleó toda su vida por una sociedad más igualitaria.

Sabemos que hubo y hay odios, pero no nos vamos a hacer drama por esto. Sigamos con las historias de las y los que trabajan, de aquellas casas donde aún hoy continua habiendo un cuadro de ella, un libro, una remera y en estos tiempos, un barbijo. Ya hace muchos años que todos y todas nos apropiamos de ella, nos apropiamos de su bandera, una bandera transformadora, una bandera que se lleva en forma de pañuelo, blanco sobre una cabeza, verde en una mochila, una bandera por Sandra y Rubén, por nuestros pibes y pibas, por cada necesidad que haya que transformar en derecho.

En esta cuarentena, trabajando en la presentación de un proyecto de ley para reconocer a todas las personas que durante el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio tuvieron que continuar con sus tareas esenciales, a los militantes que día a día paraban la olla en los barrios para que a ninguna familia le falte un plato de comida, y en especial, a los médicos, me fue imposible no traer a Eva a estos tiempos. Pensaba en su opinión sobre el esfuerzo del Gobierno Nacional frente a la pandemia, sobre el esfuerzo de millones de argentinos y argentinas al quedarse en sus casas para cuidarse, del esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras. Pensaba en su respuesta a la violencia de los odiadores. Pensaba en la importancia del legado político, pero esto merece un párrafo aparte.

Que cada adulto que vivió de lleno a Evita, se sienta interpelado por su figura, es algo obvio. Pero en estos tiempos, donde seguimos revalorizando a esa juventud politizada, militante y que piensa a la política como una herramienta de transformación, levante la bandera de Evita o la lleve en el pecho y siga pensando en cambiar la realidad de los más humildes, es señal de que el legado, su sueño, está intacto. Quedará en nosotras y nosotros, interpretar esta etapa y a esta, nuestra sociedad. Sus sueños y sus esperanzas y así poder realmente concretar las transformaciones necesarias para cambiar la realidad de cada Argentina y Argentino.

Todas estas imágenes que tuvimos en nuestra infancia, la de la Singer en la cocina, la de la bicicleta que bajaba de sus manos en el tren, las imágenes de poder construir, de poder tener la flota propia, tanto de aviación como de la marina mercante, la producción, el auto fabricado en nuestro país, las industrias crecientes, los estatutos y los sindicatos, son las imágenes que para los peronistas y las peronistas nunca se pueden olvidar. Evita desde su fundación llevando la pelota, la bicicleta, abriendo las colonias de vacaciones, los clubes, abriendo los refugios para las mujeres que vivían violencia. Esa Evita precursora de tantas luchas que luego asumimos las mujeres, pero desde un feminismo implícito, que confrontaba con posturas liberales. Cada vez que voto, siento admiración por la Evita que nos incorporó al derecho negado.

Este es un final que se fue moldeando mientras escribía esta nota, pero no puedo dejar de decir que frente a cada párrafo me volví a confirmar a mí misma de porque Evita es eterna. Ella sabía muy bien de dónde venía, venía del Pueblo, del de los humildes, del de sus descamisados y a ese Pueblo, nunca, pero nunca lo traicionó.

María Reigada

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