miércoles 20 de junio de 2018 - Edición Nº818
Infomiba » Notas de Opinión » 8 feb 2017

Mi ciudad (La de antes, la de ahora)

Por Marcela Pastore - Referente social y política de La Plata


La Plata ha sido una ciudad pensada como ninguna, quizás. Si hasta, tres años después, en la inauguración de la Torre Eiffel, recibió un premio por lo vanguardista del diseño que, en su “casco urbano”, hoy sigue vigente.

Ciento treinta y cinco años después, se nota claramente que una “gran obra” pierde brillo si su crecimiento no es acompañado por decisiones inteligentes, en algunos casos y de “sentido común”, apenas, en muchísimos otros.

Para mí, entre las medidas lúcidas no tomadas hay una básica, fundamental: no fue planificada su extensión física. Parecía sencillo prolongar las líneas en todas las direcciones de calles, avenidas. Las plazas habrían surgido naturalmente y nadie viviría a más de unas pocas  cuadras de una de ellas. No se hizo el esbozo y Villa Elvira, Los Hornos, y los demás barrios que contienen a dos tercios de los platenses, se desarrollaron como pudieron, en el caos que hoy muestran: con contados espacios verdes, con calles cortadas, redes de servicios insuficientes, sin árboles que identifiquen sus sitios, entre otras falencias.

Las decisiones que no se tomaron por falta de sentido común o negligencia son muchas más y, ya consumada la "gran falta", son muy notables por necesidades primordiales.

Pero, aunque haya quedado la ciudad como sea que haya quedado, sus habitantes no merecen el destrato que recibe un simple transeúnte, o quien vive a 15 cuadras de cada "centro".

Podría enumerar prolijamente todas las faltantes conocidas referidas al estado de las veredas, las marañas de cables aéreos, la falta de refugios para los peatones, los baches crónicos, las deudas de asfaltos y desagües prometidos o la falta de control de los servicios dados a terceros. No voy a hacerlo, por redundante.

Sí voy a referirme a una palabra que, de ser definitivamente comprendida, sería la clave para resolver la mayoría de las cosas que padecemos: igualdad.

Si quienes conducen entendieran que, por diferentes que seamos, somos iguales en cuanto a lo que merecemos, sería más amable nuestra ciudad.

Los discapacitados, permanentes o transitorios, son personas como yo, pero necesitan cosas únicas, sólo para ellos, aunque sean minoría. Vaya como ejemplo. Puedo decir algo parecido respecto de los ancianos, los niños, las mujeres.

En La Plata no existe la mirada transversal que la época demanda. Hace mucho que no existe. Creo que, salvo alguna “isla progresista” de la que disfrutamos todas y todos, no ha habido grandes diferencias en la mediocridad de las sucesivas administraciones en cuanto al concepto de igualdad.

Yo sintetizaría diciendo que hace falta reaccionar, ya que sabemos de qué se trata la aspiración de ser tratados de manera igualitaria. El camino de la exigencia parece inevitable. Los tiempos de pedidos repetidos y de promesas incumplidas se agotaron. Los próximos elegidos deberán responder seriamente a quienes les demos nuestros votos. Sin excusas, porque estaremos atent@s.

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